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Pregón XVI Jornadas, año 1990, Chumy Chúmez

Amigos y cofrades:

Antes de iniciar el pregón de estas XVI Jornadas Rito-Gastronómicas de la Matanza, debo ser sincero y, como vosotros abrís la panza del pobre cochino sacrificado, abriros mi corazón para deciros una cosa: "No me gusta el cerdo". Este año el pregonero ha salido heterodoxo, atípico y, seguramente, melindroso -y lo digo con dolor- porque no sabéis cuánto lamento mi incapacidad para saborear todo el larguísimo rosario de placeres que sé sentís cuando devoráis en un rito casi religioso, a esas pobres criaturas que se extinguen en un santiamén de orejas a rabo en vuestras fauces de exquisitos gastrónomos. Os confieso que os contemplo con envidia cuando todos los años, desde las primeras Jornadas de 1975, participo en el acto de canibalismo tribal en el que yo con humildad franciscana sólo ingiero verduras, pescados blancos, casi siempre, ¡ay, dolor!, acompañados de cocacola. Sé que es innoble mi proceder, pero no puedo evitarlo. Comerse a un cerdo me parece comerse a un semejante; un acto de antropofagia. Soy, como podéis ver, además de heterodoxo, un pregonero execrable.

Como vecino próximo a El Burgo de Osma, todos los años asisto a sus Jornadas Gastronómicas pidiendo a mis tristes dioses de fiel abstemio que me ayuden a abandonar mi impiedad para poder lanzarme pobre esas morcillas, esas manitas, esas orejas, esos jamones, esos lomos, esos chorizos y esas costillas como lo hacéis vosotros, con el alma y las fauces abiertas, pero algo interior, no sé si mahometano o neurasténico, me impide hincar el diente en tan apetitosos manjares con la alegría y la vitalidad con que lo hacéis vosotros. Asisto a vuestros festines chupando un hueso de merluza y adivino en vuestras miradas voraces y sentimentales de caníbales la compasión que sentís por mí, pobre hombre que no sabe lo que se pierde.

Sé que soy indigno de vuestro aprecio, pero con lágrimas en los ojos os pido que esta sincera confesión de pregonero sirva para que perdonéis mi pecado y me permitáis asistir al próximo banquete y sentarme a vuestro lado también este año, como lo he hecho hasta ahora en las quince jornadas anteriores en las que tenía que guardar, fingiendo un mal estado de salud, tan patético secreto.

Ya que no mi estómago, que mi corazón participe como espectador de vuestra envidiable alegría de devoradores libres y sin prejuicios que carecen del temor que yo siento a infringir no sé qué ley interior que me impide digerir el tótem más suculento y tentador de la historia del hombre, al que vosotros habéis perdido el respeto.

Que seáis en todo tan felices como los sois en la panza.

"No me gusta el cerdo". Este año el pregonero ha salido heterodoxo, atípico y, seguramente, melindroso


Sé que soy indigno de vuestro aprecio, pero con lágrimas en los ojos os pido que esta sincera confesión de pregonero sirva para que perdonéis mi pecado y me permitáis asistir al próximo banquete y sentarme a vuestro lado también este año, como lo he hecho hasta ahora en las quince jornadas anteriores en las que tenía que guardar, fingiendo un mal estado de salud, tan patético secreto.


Chumy Chúmez

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